Durante meses vi, desde mi balcón, a un grupo de muchachos jugando cricket casi todos los días. Y durante meses me quedé solo mirando, hasta que un día por fin junté el valor.
Acercarme a un grupo de desconocidos
Caminé hacia ellos sin saber muy bien qué esperar. Y para mi sorpresa, me recibieron de inmediato. Eran un equipo de jugadores pakistaníes, y entre español e inglés me empezaron a explicar las reglas del cricket desde cero.
El momento en que por fin conecté el bate con la pelota
Después de varios intentos, por fin logré darle a la pelota. Lo que más me sorprendió fue la reacción del equipo: celebraron mi logro como si hubiera sido un jugador profesional, por el simple hecho de intentarlo.
¿Volvería a jugar?
Sin dudarlo. No porque me haya vuelto bueno en cricket, sino porque lo que realmente vale la pena de esta clase de experiencias es la gente y los momentos compartidos.
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