Todo el mundo conoce Hatta por el kayak, la represa y las montañas. Yo también fui por eso… hasta que me metí, casi por accidente, en algo que no estaba en ningún itinerario turístico: unos túneles subterráneos escondidos entre las rocas.
Cómo llegué a los túneles
Estaba buscando algo distinto para mostrarles cuando me topé con la entrada de estos pasadizos. Adentro no hay luz, hay murciélagos, y el ambiente es húmedo y pesado. De repente, entre la oscuridad, vi un brillo verde en las paredes de roca. Por un segundo pensé: “¿esto son esmeraldas?”.
Los riesgos que nadie te cuenta
La oscuridad es total. No es como caminar de noche en la ciudad, ahí adentro no ves absolutamente nada.
Los murciélagos no son fans de tu linterna. Cuando la luz les da directo, se alteran, y en un espacio cerrado eso intimida.
El aire es húmedo y pesado. Respirar ahí adentro no es tan fácil como uno cree.
Si te animas a algo parecido: lleva más de una fuente de luz, usa zapatos con buen agarre porque el terreno está mojado, y respeta el lugar, no rompas ni te lleves nada de las formaciones que ves ahí adentro.
Una aventura que no estaba en el plan
Lo que más me gusta de vivir en Dubái es justamente esto: que después de más de un año acá, todavía me sigo encontrando cosas que no esperaba. Hatta ya no es solo kayak y represa para mí, es también este mundo escondido debajo de las montañas.
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